Revolución alemana

Laverne

«decenas de miles de trabajadores esta­llaron en salvajes gritos.
Jamás he vuelto a ver una cosa por el estilo. Hasta bien entrada
la tarde, los obreros y los soldados del Ejército rojo desfilaron.
La revolución mundial había llegado. La masa del pueblo oía el
férreo eco de sus pisadas. Nuestro aislamiento había terminado»

Radek (sobre la revolución alemana, en Rusia)

En la vida de medias sucias y miradas quebradas
en la respuesta seca y áspera del pan duro
en el frio quebrantado de seriedades miserables
tengo el recuerdo de tus gritos secos de nevera.

Cuando intento mirar el sol y el cielo azul
desde mi nueva carne renacida por el temor
de los balazos escondidos del medio desigual.

En estas calles oscuras que las quema el calor
de tu ausencia, en esta tierra quebrada
por la tristeza de la semilla que agoniza,
desde acá, desde los recuerdos de tus zapatos.

Estoy imaginándote en el sumo del ron caliente
de caña de azúcar, calentando el momento
oportuno del asalto al poder desde el alcohol,
que hacen de tu insolencia, de tu cara seria
un orgasmo humano de liberación.

Te veo como mirándome con desprecio
pero en el fondo eres tan sincera que me alegras
la noche confusa de palabras ambiguas
por mi falta de lectura, que solo me permite
plantear el problema desde acá
saliendo de las pieles nacionalistas,
de estos Estados conservadores que
engañan a la verdadera alegría compartida.

Estoy en mis peculiaridades periféricas,
con el desprecio categórico a la comodidad
de tus perfectas calles, ordenes, y trenes,
dándome cuenta que eres bella porque
estás metida en cada asiento con la mirada
perdida en la esperanza del amor imposible.

(calentando en las noches interminables,
en los besos nocturnos, y caricias derrochadas,
el verdadero cambio económico de tu vida
resultado de la belleza del amor mundial)

Te levantas disparándome conciencia
como sino no fuera un coherente interprete
o aprendiz de la realidad humana,
es decir: como sincero marxista latinoamericano,
tan minoría como el amor puro
que tuve en ese cuarto diminuto
en donde la revolución se ahogaba con el tiempo.

En un jardín lleno de rosas rojas
y claveles liebknecos que explotan
a la socialdemocracia de la misma forma
como el que deja un vicio mortal
en la historia humana,
de la explotación de la codicia
de la guerra imperialista del odio
contra la tristeza de la frustración
del tiempo que pasa lentamente
y no estalla la alegría,
solamente en estas calles
solamente en Berlín se respira
con alevosía, entre el cielo gris
y tu sonrisa fingida
en la toma de dos o tres
periódicos, en el asalto
a tu falta en medio de este frio de asfalto,
que me calienta la imaginación,
de seguir la pisada de las tres eles,
de las pisadas del viejo barbudo alemán
y tenés esa expresión en tu cara
como sino tuvieras la sangre cara
la fuerzas de ser categóricamente
coherente con tus impulsos humanos consecuentes.

Sigo muy fijo en mis "principios",
el adiós a los frentes únicos
y partiduchos parlamentarios
y todas esas cosas humanas
que hacían ver historia nacer muerta
en tus formas de decir la verdad mintiendo
y yo sin la tristeza de escondernos en los cimientos
en las sabanas de los contratos oscuros,
escupiendo los acuerdos de Rapallo tuyos
escritos en cuatro puros de la derrota.

Estas tan inconsciente de tus reflejos conchos
de tu historia en tus venas alemanas,
en que la tristeza camina contra la revolución
que mi simple sentimiento de derrota de 500 años
expresada en la más débil actitud sombría
de defensa inútil ante el supuesto insulto
de tu carne, de tus pechos de algarabía
me doy cuenta que estoy colonizado
por tu olor de recuerdo ensangrentado
y propongo irme más a la izquierda
como si fuera un enfermo infantil.

Yo sé que odias el muro de la vergüenza.
Yo sé que confías en aquellos seres sensatos.
En los que desde el interior de la degeneración
ven la luz artificial de un porvenir que nunca llega.

Ese hombre tan vivo como la valentía del amor sincero,
que desciende de una gloria barata, de un tren
y les dan unas flores de triunfalismo falso
que decide creer en la posibilidad del inicio de la historia
que confía en la clase proletaria organizada en colmenas mundiales
no por el hecho de imponer la palabra en sus bocas mentales
sino porque la humanidad despertaba con sueños de esperanza
y él, como lector humano logra ver la democracia obrera,
tan viva, como la ganas de tomar las armas del amor sin frontera.

Pero no, triunfó la codicia, triunfó la unión de la vergüenza.

Y la miseria, creció del tamaño de un partido sin corteza.
Y metieron en una caja pública a los restos del lector de la belleza.
Y sin embargo, nacieron flores nocturnas en la tristeza.
Y pasaron los años, y nos mataron la risa,
Y desde la cornisa de las salas, de los barrios,
el fantasma fue cazado con la lucha inter-imperialista.

Entonces, cuanto te veo tu crisis existenciales,
cuanto veo nuestras manos de intentos parciales,
cuanto te veo dormir en tus ganas ver la brisa y las estrellas,
y agarro de mi estante de palabras una estela roja
que me susurra en la mente de hombre,
que nuestros intentos de vivir el horizonte,
me dan las ganas necesarias para repetir la vida
en una tristeza acompañada de nuestra ira.

Yo veo nuevos intentos de revoluciones alemanas,
nuevas formas de interpretar la historia que se emanan.

Compañera, amiga, sigamos siendo hormigas suicidas.
Tomemos nuestras sillas y escribamos poesías.
Escribamos palabras para denunciar la injusticia de la plusvalía.
No para entregar un plato de palabras podridas,
sino para ser expresión viva de nuestra vida.

Yo sigo pensando en los dolores profundos que me provocaste: revolución alemana...


2013-02-19 14:18:00 UTC