miércoles, 14 de noviembre de 2018

Objetivización de lo invisible

No creas que la imagen tuya se ha ido de parranda:
simplemente se ha dormido con la esperanza cansada.

Un día, ¿madrugador?, estaba físicamente vivo
(pero aún estaba dormido),
y mi piel tenía espacios de preguntas,
no sabía si tenía que reírse o irse con las malas juntas.

El cuerpo sentía vida, pero solo se movía
cuando creía que la tierra estaba dormida.

Es cosa distinta cuando te veo:
quiero contarte ríos y seguirte con enredos aunque ya no te creo.

Pienso,
"el Estado es un viejito rico, cacreco, que come como un cerdo".

Y vos, que no te agrada la tristeza de las pequeñas almas (¿necesarias?),
irradias una justicia de dolor compartida y me encantas,
y no creo que sea el problema de tu credo.

Yo soy seguidor de tu abuela anarca,
la primera Lyra o la Emma triste que arranca la trampa de la inhibición
                                              de las verdaderas fuerzas de la revolución.

(La misma que llevó hasta la infinitud aquella conversación)

¿Acaso no volcamos los mismos carros?
¿No estamos juntos riéndonos de los curules de payasos?
¿Acaso no tenés ganas de la fusión de las teorías sombrías
                                                            sin aquellos pasos?

Hoy que sigo las andanzas de los ausentes labios candentes,
creo que hace falta unas cuantas crónicas decadentes,
quiero tocarte el reloj y atrasarte hasta donde sientes,
para ver cuando mientes sobre lo que quieres.

Yo cuestiono toda idea segura sobre el inmenso pasado,
más aún si esta idea la inventó el pesado muro de los falsos pecados.


La hija del cerdo, la burguesía, no quería que la ira
tocara las puertas de tu manía de tirarme, sin cuantía,
lo que yo ya supuestamente temía.

Eso generaría la quiebra de la rutina.

Esta imagen tuya se borra cuando olvido esperar por la tristeza,
cuando el paso de un estado otro es pura fineza.

Es el tiempo convirtiéndose en reloj, es su tiempo.

Es pasarse a si mismo por inadvertido
(y el espejo se apaga a si mismo en el reflejo).

Ya no puedo esperar en la finitud de tu existencia
quiero idealizarte en la frecuencia de mi ausencia.

Estas ahí sintiendo el vacío del tiempo pausado,
es cuando las huelgas se duermen en los pesados
espacios de los sindicatos,
ahí en el tiempo que se pierde en los Estados,
y nada pasa, se cumplen todos los horarios...

Ya no hay forma más segura para la victoria
              que ver la materialidad de lo invisible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario