domingo, 26 de agosto de 2012

Dos religiones

Cuando en el horizonte se perfila la revolución
se alborota el viejo caldero de las religiones.

En épocas normales
la religión era ir a misa,
pagar diezmos a la casa de Dios,
bautizar a los hijos
y confesar los pecados para arreglar cuentas con uno mismo.

Cuando en el horizonte se perfila la revolución
las iglesias recuerdan a las masas,
bajan a ellas desde las nubes y los misterios
y desde la tranquilidad dominical.

Los pastores cachetones hablan del fin del mundo
cuando lo que se acerca es el fin de la explotación;
los profetas histéricos hablan de definirse entre el Bien y el Mal
cuando el pueblo necesita definirse
contra la opresión y el hambre.

Cuando la revolución social comienza a desplegar sus banderas
los herederos de quienes crucificaron a Cristo
nos dicen que Cristo es la única esperanza
y precisamene porque nos espera
allá en su Reino, que no es de este mundo.

Esta es la religión que fue señalada por Marx
como <<opio de los pueblos>>
ya que en esa forma es una droga más para tupir la cabeza de los hombres
e impedirles encontrar su camino en la lucha social.

Pero Camilo Torres, entre otros,
nos dejó dicho que también hay una religión positiva
que surge del alma de la revolución
a la manera de los poemas y los cánticos,
y que se juega la vida en este mundo
y no hasta después de la muerte.

En esta religión militan hombres que son
(como los verdaderos comunistas)
la sal de la tierra.

Roque Dalton
(Historias y Poemas de una Lucha de Clases)

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